Tekios conversó con Santiago Botero sobre la reciente venta de Finsocial, sus planes de internacionalización y su particular visión acerca de los ecosistemas de emprendimiento.

El teléfono de Santiago Botero, el CEO y fundador de la fintech más grande de Colombia, es 315 722 10 00, y no estamos cometiendo ninguna impertinencia. Botero quiere que sea público, que cualquier emprendedor o cualquier persona que necesite su ayuda lo pueda llamar cuando lo necesite.

Este acto, extravagante, otros dirán irresponsable, es representativo de su personalidad. Un hombre abierto, genuino, con una legítima vocación de servicio que surge, según él, de su religiosidad.

Botero es un fundador atípico que además creó una fintech para un nicho desatendido: profesores y pensionados. Y para las necesidades de esta compañía, creó un ecosistema compuesto por más de 20 compañías y una fundación dirigida al emprendedurismo y la educación financiera: «Son compañías que no gravitan alrededor de Finsocial, pero posiblemente esta sirve como validador de esas empresas», explica.

Finsocial tiene hoy una cartera de más US$200 millones; es el tercer mejor sitio para trabajar en Colombia, según Great Places to Work; su emisión de bonos ordinarios sociales tiene una calificación de largo plazo de ‘AA+, según Fitch Ratings, y hace poco obtuvo la certificación como una de las Mejores Empresas B para el Mundo. Si eso fuera poco, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) la nombró una de las cuatro fintechs más importantes de Colombia en 2019. «Tenemos más medallas que un boyscout», bromea Botero.

Sin embargo, Finsocial nunca ha conseguido dinero a través de rondas de financiamiento de los fondos de capital de riesgo, como lo hace la mayoría de fintechs. Y aunque la tecnología es el elemento central de sus empresas, Botero no sigue a rajatabla el modelo de las startups. Su manera de ver los negocios se acerca más a la de un empresario tradicional, en la que se privilegia la rentabilidad y la urgencia para llegar al punto de equilibrio, sobre la valorización y el crecimiento exponencial.

Y es que este ingeniero agrónomo disléxico, de 47 años, no sigue ningún guion: su conocimiento financiero no proviene de una maestría en Estados Unidos como es usual, sino de la experiencia que obtuvo en la compañía de su familia, la distribuidora de motocicletas más grande del país.

Santiago Botero conversó con Tekios, desde Miami, sobre la compañía que creó y recientemente vendió -pero aún maneja- a inversionistas internacionales asesorados por Christofferson, Robb & Company (CRC); sobre el proceso reciente de internacionalización de sus compañías, y sobre las amenazas que visualiza en los ecosistemas tecnológicos.

¿Cómo fue la transición del negocio de las motocicletas al mundo financiero?

-Por cosas de la vida, mi papá, uno de los ganaderos más importantes del país, entró en el negocio de las motos y creó la primera compañía que ofrecía financiamiento en ese sector. Alcanzó a tener 250 almacenes y a vender el 10% de las motos en Colombia.

Cuando yo llegué, después de mi paso por Estados Unidos y Centroamérica (hizo un MBA en INCAE), empecé a trabajar ahí y aprendí algo muy básico, pero muy importante sobre el negocio financiero, lo que muchas compañías parecen no entender: las financieras no ganamos plata cuando prestamos, sino cuando nos pagan. El financiamiento a este sector de la población es muy complicado, pero también me di cuenta que es un sector muy desatendido. Entonces, así nació la idea de Finsocial, para otorgar créditos digitales de libranza, consumo y para emprendimiento.

-Finsocial empezó como una financiera normal. ¿Cómo se convirtió en una fintech?

-En 2012, cuando se creó Finsocial, nadie hablaba de fintech. Sin embargo, yo siempre he sido muy cercano a la tecnología. Casi al mismo tiempo creamos la compañía Red 5G, de la cual ya solo soy un socio minoritario, una compañía de software completamente independiente y que le presta servicios a la banca y a las aseguradoras, y también a Finsocial.

Yo estaba desarrollando unos modelos tecnológicos muy interesantes cuando el BID me entrevistó; yo les conté lo que hacíamos y por qué lo hacíamos. Días después, nos nombran como una de las fintechs más importantes del país. Entonces, dije, «me tocó volverme fintech», así que contraté una compañía que se llama Laberinto para cambiar el lenguaje de todos los que hacemos parte de la compañía; para que todos, incluyendo la junta directiva y los socios, entendiéramos que ahora éramos una financiera tecnológica y que eso iba a afectar a la compañía en su integridad.

Hoy somos la fintech más grande de Colombia, con una cartera cercana a los US$200 millones, gracias, en parte, a las circunstancias que nos ha tocado vivir.

QUEMAR DINERO

Y entonces, ¿por qué vendes Finsocial?

-Una financiera como esta tiene limitantes para crecer, en cuanto a capitalización. Yo había vendido el 50% hace tres años y ese fondo tenía que salir de la compañía. Vendíamos el 50%, pero este nuevo dueño, que es un fondo de deuda, dijo que quería comprar el 100% y pidieron que yo siguiera manejándola.

¿No te dolió venderla?

-No. Para mí era más importante y necesario que la compañía pudiera seguir creciendo y pudiera seguir ayudando a más personas. Hablo de empleados y clientes. De no hacerlo habría seguido con riesgos que en otras situaciones nos podrían haber puesto en jaque. La venta nos da la posibilidad de internacionalizarnos, que ha sido una idea desde que entramos en la red Endeavor, en 2019.

-¿Van a salir pronto de Colombia?

-No sabemos muy bien dónde, pero sí. México, Centroamérica, Ecuador, después Brasil; no lo sabemos con exactitud. Si encuentro a la persona correcta para expandirme empezamos por ahí. Me gustaría México porque hablamos el mismo idioma, por sus características de tasas de interés, su cercanía con Estados Unidos y el tamaño del mercado.

Yo vivo entre Barranquilla y Miami porque quiero internacionalizar mis compañías. La compañía de software quiero que se monte en Miami. Estoy montando una aseguradora en Colombia y también la tengo que traer acá. Fue la primera compañía en pasar a Endeavor en la costa colombiana. En Endeavor te meten el chip de que tienes que ser una compañía multipaís, que tu empresa tiene que crecer a otras latitudes y 10x. Y yo, todas las compañías que tengo las creo con ese objetivo y con la intención de que generen dinero rápidamente.

Parece un modelo de negocios diferente al de la mayoría de fintechs.

-Las fintechs tienen que pensar en que deben ser rentables rápidamente. Dejar de pensar en quemar dinero. Es muy importante meter eso en la ecuación. Yo puedo volver unicornio a una fintech, pero en más tiempo, con mayor solidez; me considero un emprendedor serial que produce plata.

Hay tres tipos de compañías: las que dan plata y no valen plata, otras que valen plata, pero no dan plata… Por ejemplo, Rappi, Uber o WeWork están apostando a salir a la bolsa de Nueva York, quemando dinero. El que sale a la bolsa corona y los demás se pueden quemar, pero eso puede ser una bomba de tiempo. Y hay compañías que dan plata y valen plata. No tienen esa capacidad que tienen las otras para valer tanto ni tan rápido, pero son más sostenibles en el tiempo. Ese es el tipo de compañía que busco crear, empresas que lleguen pronto a punto de equilibrio. Y eso lo hago con tracción interna o donde yo pueda generar valor.

TRACTOR CON MOTOR FERRARI

¿Las otras empresas se crean a partir de Finsocial?

-Se crean a partir de las necesidades de esta o de las necesidades que detecto en el mercado. Es un ecosistema. Por ejemplo, fue necesario inventarme algunos productos que no tenían las aseguradoras y de ahí nació la aseguradora Para Todos. Como igualmente nació y se desarrolló Red 5G.

Otro ejemplo: necesitaba captar dinero del público para no depender de la banca y por eso paralelamente estaba montando un banco de segundo piso; no solo tenía la necesidad de capital. Mi anterior socio tenía 20 compañías de crédito en diferentes sectores y yo me daba cuenta de que todas esas compañías tenían problemas de fondeo. Entonces, mi idea fue montar el banco de segundo piso y fondear esas compañías para arrancar. Ese banco de segundo piso se llama Integrity o IBN, en Colombia, sigue funcionando y el 15 de septiembre se meten los papeles en la Superintendencia Financiera (organismo público ​ encargado de supervisar los sistemas financieros en Colombia) para ampliar su alcance. No compite con Finsocial, pero si necesitara dinero, ese banco le podría dar ayudar.

¿Y la regulación ayuda u obstaculiza?

-Los sandbox regulatorios han ayudado a innovar y crecer. Tenemos que entender que la banca es bastante poderosa en el campo de la política, y si se ve afectada, lo más factible es que vaya a tratar de bloquear por medio de la Superintendencia Financiera.

Es que una fintech siempre se puede convertir en banco, pero un banco no se puede convertir en fintech. Los bancos se pueden digitalizar, pero nunca van a tener la filosofía de pensar en el usuario y de la experiencia de usuario como primer eslabón de la cadena de valor. El ecosistema de los bancos es muy pesado. Por más que quieran meterle fintech, chocan. Es como un tractor con motor de Ferrari. Además, los modelos de riesgo de los bancos son arcaicos y no les interesa cambiar.

Hablando de ecosistemas, parece que el fintech de Colombia funciona.

-Yo creo que sí. Sabemos que todos estamos en el mismo lado buscando crecer. Uno de mis mayores retos es apoyar a otras fintechs con dinero, a través del fondeo. Es uno de los objetivos de Integrity, el banco digital, ayudar a los originadores. Y es que ni los bancos deberían ser nuestros enemigos. Los bancos pueden ser nuestros mejores aliados.

-El 50% de tus clientes no son bancarizados. ¿Crees que son una pieza fundamental para la inclusión financiera?

-Esa inclusión financiera se da tanto en los bancarizados como en los no bancarizados. Nosotros aprobamos a muchos del 50% de gente bancarizada, pero al que la banca no le presta, personas que muy seguramente terminan en el paga diario (préstamo gota a gota). Llegamos a gente en zonas rurales o a gente mal reportada, que a la banca no le interesa.

-¿Esa finalidad social se mantendrá con la venta de Finsocial?

-Lo que hacemos en Finsocial es el más social de los fines. Hoy doy gracias al creador por esto, porque con la operación podremos ayudar con inclusión financiera y crédito formal a cientos de miles de personas en aquellos nichos y regiones de Colombia que más lo necesitan. Hasta ahora, cerca del 50% de los créditos han sido utilizados por mujeres de pocos recursos, en zonas rurales, y cerca del 85% han sido utilizados en emprendimiento, mejoramiento de vivienda y fines educativos. Junto a mi equipo de guerreros seguiremos enlazados, trabajando duro en este nuevo capítulo.